Palabras de Federico Mayor Zaragoza con motivo del X ENCUENTRO ESTATAL DE APRENDIZAJE SERVICIO

“APRENDER A SER LIBRES Y RESPONSABLES”

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Educación para ser personas “libres y responsables” (art. 1º de la Constitución de la UNESCO), para “dirigir con sentido la propia vida”, según impecable definición de D. Francisco Giner de los Ríos.

“Libres, escribió Eduardo Galeano, son quienes crean, no copian. Quienes piensan, no obedecen. Enseñar es enseñar a dudar”.

En el Informe Delors se establecen cuatro vías principales de aprendizaje: aprender a ser

aprender a conocer

aprender a hacer

a vivir juntos.

Yo añadí “aprender a emprender”, porque pronto comprendí que al “sapere aude” de Horacio, “atreverse a saber”, era preciso añadir “saber atreverse”.

Aprender a conocer, a hacer, a emprender, a vivir juntos… pero, sobre todo, aprender a ser, a “dirigir la propia vida”, a actuar en virtud de las propias reflexiones.

Aprender a ser plenamente humano, es decir, dotado de las facultades exclusivas y distintivas de pensar, imaginar, prever, …¡crear! Consecuentemente, la filosofía y las enseñanzas artísticas son imprescindibles para facilitar que toda persona educada sea capaz de diseñar su propio futuro, inventarlo, reflexionar y actuar en virtud de sus propias decisiones y no al dictado de nadie ni de dogma alguno. Son ellos, los así formados, los que pueden ahora adquirir conocimientos, destrezas y habilidades. Son educados capacitados, frente a los capacitados maleducados que resultan del proceso inverso, que tan peligrosamente promueven quienes educan para tener y no para ser. La filosofía es un pilar esencial  porque contribuye a desarrollar estas capacidades fundamentales. De todo lo que aprendí en la escuela y el instituto lo que más me ha ayudado, incluso desde un punto de vista bioquímico (Heráclito, Leibnitz), ha sido la filosofía, porque ayuda a ser “humanamente” y científicamente.

En ésto consiste la auténtica educación. Lo demás son capacitaciones, formación especializada, adquisición de destrezas técnicas.

Es esencial no confundir educación con capacitación,

conocimiento con información,

información con noticia.

Educación basada en unos valores que configuran el comportamiento cotidiano. Educación para la participación, para la mediación, para la comprensión. En una escuelita de Vietnam se leía: “Antes de aprender a leer, aprende a respetar”. Respetar no es someterse, es comprender al otro. Y a la recíproca. Formación humana, porque en el antropoceno y en la nueva era en la que ya pueden progresivamente expresarse sin cortapisas todos los seres humanos, es imperativo actuar al ritmo que permita prever y prevenir acontecimientos que pueden ser irreversibles.

Una educación que, desde las primeras etapas, forme plena conciencia de la igual dignidad de todos los seres humanos, sea cual sea el género, el color de la piel, la edad, la ideología, la creencia…

Otro aspecto muy importante: el uso de la tecnología digital. Sin duda alguna tiene aspectos muy positivos pero, como siempre ocurre, la utilización prematura y abusiva de las “tabletas” es indebida y de alto riesgo. Se trata de una tecnología complementaria, no sustitutiva. Lo fundamental es una educación inclusiva. Es la personalización en toda la medida de lo posible. Sí: ¿educación?, educadores. Son los educadores en todos los niveles, los progenitores y familiares, los grandes protagonistas del proceso educativo.

Debemos acordar un sistema educativo en el que la educación superior, además de completar la formación de ciudadanos a la altura de las circunstancias, en tiempos de grandes incertidumbres, pueda estar  también en la vanguardia de los cambios radicales que son exigibles. Nos hallamos frente a un nuevo concepto de trabajo, a una mecanización y robotización imparable, que requiere que sea la máquina la que esté al servicio de la humanidad y no la humanidad sometida a la máquina.

Las comunidades científica, académica, artística, intelectual, en suma, no pueden permanecer de espectadores impasibles. Bien al contrario, deben ser actores principales en este “nuevo comienzo”.

Educación es ser independiente (que no “indiferente”, que añadiría Ángel Gabilondo, que sabe muy bien de qué se trata y de lo que supone, en los distintos grados, impulsar el proceso educativo).

“Más vale un ejemplo que cien sermones”. Esto deberían saberlo muy bien quienes representan a “Nosotros, los pueblos”, porque la educación es responsabilidad de todos.

Ciudadanos del mundo capaces de “cambiar de rumbo y nave”, como decía José Luis Sampedro. Sólo con educación, ciencia, cultura y comunicación, las riendas del destino estarán en manos propias y no ajenas. Sólo así se procurará, la igualdad, la libertad y la justicia.

La educación es –junto con la justicia, sanidad y ciencia- uno de los cuatro pilares de la democracia que no pueden abordarse ni decidirse a través de una óptica partidista determinada, por mayoritaria que sea (o que haya sido).

La educación no se impone. La educación es la piedra angular del futuro, a escala personal y colectiva. En materia de educación, la discrecionalidad, la improvisación, la imposición de un modelo determinado, de una ideología dada, siempre acaban en retrocesos sociales muy considerables. ¿Quién sabe de educación? Los docentes, las madres y los padres, los pedagogos, los filósofos,… y es a ellos a quienes debemos consultar y cuyas directrices debemos seguir.

Deben abandonarse los proyectos educativos basados en ideologías, creencias, enfoques pragmáticos… que alicortan las posibilidades de despegue y vuelo alto, que reducen la libertad, don supremo de la condición humana. No se deben aceptar maniobras partidistas, cortoplacistas, interesadas. Abordar con gran rigor este tema crucial para la construcción del futuro que soñamos bien despiertos, es una exigencia ética. No debemos olvidar que tenemos una “obligación moral” con “las generaciones venideras”, como nos señala la Carta de las Naciones Unidas.

Hay que fomentar la capacidad de pensar, de emocionarse, de sentir, de desplegar la mayor desmesura humana: la creatividad. Música, artes plásticas, literatura, poesía… Y, también, la capacidad de ¡indignarse!… e ¡implicarse! Sólo así podremos alcanzar ese “otro mundo posible que todos anhelamos”.

En resumen, se trata de com-padecer,

com-partir,

com-prometerse,

con-vivir… solución a los grandes retos actuales y el legado intergeneracional. Para “con-vivir” es necesario “des-vivirse por los demás”. En swahili, la palabra Ubuntu significa “soy porque tú eres”. Y en castellano y catalán el plural de yo es “nos-otros”.

Es por estas razones que, considero tan relevante el aprendiza-servicio para poner todos los saberes y la sabiduría en favor de la igual dignidad y para evitar o mitigar el sufrimiento humano.

Federico Mayor Zaragoza

01 de diciembre de 2017.